Uno de los tópicos que rodea a los Cementerios, es el
robo de elementos de valor (principalmente placas de bronce), que decoran las
sepulturas o los panteones. En Avellaneda, esta cuestión tuvo su punto más
álgido en 1992, cuando la administración de la necrópolis fue intervenida por
su presunta complicidad en la “profanación
de tumbas”[1].
Sin embargo, parece ser que el asunto de la complicidad no es tan reciente, tal
como ilustra un artículo del Diario “Crítica” fechado el 27 de enero de 1949:
…”NEGOCIABAN METALES DE LOS MONUMENTOS FUNERARIOS:
Personal de la Comisaría Cuarta de Avellaneda, luego de una paciente y
hábil investigación, procedió a la captura de un núcleo de cuidadores del
Cementerio local que, en lugar de cuidar las tumbas puestas bajo su vigilancia,
se entregaban a despojarlas de todo cuanto pudiera ser reducido a dinero,
efectuando un comercio activo y fructífero. De esa manera, las personas cuya
misión consistía en preservar las sepulturas de todo daño, cobrando por ello
una remuneración, se transformaron en el azote de los deudos de condición
humilde que veían desaparecer, sin que valieran recomendaciones ni protestas,
diversos objetos destinados a rendir culto a sus muertos.
CAMPO DE FECHORÍAS
El camposanto no tenía nada de solemne ni respetable para los autores de la
macabra rapiña. A la inversa de lo que ocurre con la mayor parte de las
personas, a quienes los cementerios inspiran piadosas ideas, o al menos
pronunciado pánico nocturno, los cuidadores ladrones del de Avellaneda, no solo
cometían sus fechorías a pleno sol, imbuidos de la impunidad que les brindaba
su condición de vigilantes de la necrópolis, sino que aún de noche deambulaban
sin la más mínima emoción por entre las cruces. Era la hora propicia para
llevarse lo más provechoso sin llamar la atención de inoportunos curiosos que
pudiesen formular comentarios acerca de las fúnebres mudanzas.
CUIDADORES, PERO POCO
El Cementerio de Avellaneda abarca varias hectáreas y su cuidado está a
cargo de 80 hombres que cumplen con las tareas de limpiar las lápidas y
mantener libres de yuyos y malezas la zona que a cada uno le corresponde. Los
cuidadores se vinculan así a los familiares de los fallecidos a través de las
visitas que los mismos realizan y los encargos con respecto a la atención de
los monumentos y las sepulturas.
Nueve de esos cuidadores, sin embargo, habrían optado por burlar la
confianza depositada en ellos creando una organización para el despojo de
tumbas y la comercialización de sus productos. Una parte muy reducida de lo
robado por los cuidadores infieles se ha hallado esta mañana, apilada en el
patio de la comisaría. Lo recaudado formaba parte de la bolsa de urgencias
utilizada para el canje de elementos de acuerdo a las perspectivas de venta”…[2]
Acciones como esta (minoritarias, tal como puede
observarse), son las que han contribuido al desprestigio actual del Cementerio,
como el lugar más idóneo para depositar a nuestros difuntos; verificándose con
esto la famosa frase “Pagan justos por
pecadores”…
[1] Diario Crónica 14/01/1992
[2] El
artículo fue publicado por el Diario Crítica el 27/01/1949. Dentro de la nómina de los
“cuidadores” implicados aparecen Alejandro y Armando Vázquez. Si bien el
apellido es bastante común en Argentina, no puedo dejar de pensar en una
posible (y paradójica) vinculación con Gumersindo pero que, a falta de
comprobación documental, solo dejo sugerida.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario