martes, 30 de diciembre de 2025

ROBO DE BRONCES: UN PROBLEMA NADA NUEVO..,.

 


Uno de los tópicos que rodea a los Cementerios, es el robo de elementos de valor (principalmente placas de bronce), que decoran las sepulturas o los panteones. En Avellaneda, esta cuestión tuvo su punto más álgido en 1992, cuando la administración de la necrópolis fue intervenida por su presunta complicidad en la “profanación de tumbas”[1]. Sin embargo, parece ser que el asunto de la complicidad no es tan reciente, tal como ilustra un artículo del Diario “Crítica” fechado el 27 de enero de 1949:

…”NEGOCIABAN METALES DE LOS MONUMENTOS FUNERARIOS:

Personal de la Comisaría Cuarta de Avellaneda, luego de una paciente y hábil investigación, procedió a la captura de un núcleo de cuidadores del Cementerio local que, en lugar de cuidar las tumbas puestas bajo su vigilancia, se entregaban a despojarlas de todo cuanto pudiera ser reducido a dinero, efectuando un comercio activo y fructífero. De esa manera, las personas cuya misión consistía en preservar las sepulturas de todo daño, cobrando por ello una remuneración, se transformaron en el azote de los deudos de condición humilde que veían desaparecer, sin que valieran recomendaciones ni protestas, diversos objetos destinados a rendir culto a sus muertos.

CAMPO DE FECHORÍAS

El camposanto no tenía nada de solemne ni respetable para los autores de la macabra rapiña. A la inversa de lo que ocurre con la mayor parte de las personas, a quienes los cementerios inspiran piadosas ideas, o al menos pronunciado pánico nocturno, los cuidadores ladrones del de Avellaneda, no solo cometían sus fechorías a pleno sol, imbuidos de la impunidad que les brindaba su condición de vigilantes de la necrópolis, sino que aún de noche deambulaban sin la más mínima emoción por entre las cruces. Era la hora propicia para llevarse lo más provechoso sin llamar la atención de inoportunos curiosos que pudiesen formular comentarios acerca de las fúnebres mudanzas.

CUIDADORES, PERO POCO

El Cementerio de Avellaneda abarca varias hectáreas y su cuidado está a cargo de 80 hombres que cumplen con las tareas de limpiar las lápidas y mantener libres de yuyos y malezas la zona que a cada uno le corresponde. Los cuidadores se vinculan así a los familiares de los fallecidos a través de las visitas que los mismos realizan y los encargos con respecto a la atención de los monumentos y las sepulturas.

Nueve de esos cuidadores, sin embargo, habrían optado por burlar la confianza depositada en ellos creando una organización para el despojo de tumbas y la comercialización de sus productos. Una parte muy reducida de lo robado por los cuidadores infieles se ha hallado esta mañana, apilada en el patio de la comisaría. Lo recaudado formaba parte de la bolsa de urgencias utilizada para el canje de elementos de acuerdo a las perspectivas de venta”…[2]

Acciones como esta (minoritarias, tal como puede observarse), son las que han contribuido al desprestigio actual del Cementerio, como el lugar más idóneo para depositar a nuestros difuntos; verificándose con esto la famosa frase “Pagan justos por pecadores”…



[1] Diario Crónica 14/01/1992

[2] El artículo fue publicado por el Diario Crítica el  27/01/1949. Dentro de la nómina de los “cuidadores” implicados aparecen Alejandro y Armando Vázquez. Si bien el apellido es bastante común en Argentina, no puedo dejar de pensar en una posible (y paradójica) vinculación con Gumersindo pero que, a falta de comprobación documental, solo dejo sugerida.

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